¿por què las hojas cambian de color en otoño?

Las hojas de los árboles comienzan a amarillear y a caer al suelo, crujientes y resecas. Y allí donde conviven los árboles de hoja perenne y los de hoja caduca, la cúpula de los árboles se convierte en el capricho de un pintor con buen ojo para los matices verdes, amarillos, naranjas, ocres y rojos vivos.

Al contrario que los artistas, la naturaleza no tiene por qué ser caprichosa. Y el hecho de que haya tantos colores responde a una cuestión puramente práctica.

El motivo en primer término es que las plantas acumulan pigmentos en sus hojas para absorber la luz y con ella la energía necesaria para crecer y sobrevivir a través de la fotosíntesis. En segundo término es que muchas de ellas también producen pigmentos para algo muy distinto, o sea, protegerse de la radiación solar.

Al igual que la luz del sol no es igual de intensa ni tiene el mismo color en todas partes, por ejemplo en la copa de un árbol, en las profundidades del sotobosque o en una ciudad brumosa, las hojas de las plantas tampoco pueden serlo «si quieren» aprovecharla al máximo. Por eso acumulan distintos pigmentos y las hojas tienen colores muy variados. Pero entonces, ¿a qué se deben los cambios de color?
El color verde

Las hojas suelen ser verdes todo el año porque acumulan clorofila, un pigmento que se encuentra en el interior de los cloroplastos. Estos son un componente de las células vegetales que participa en el proceso de aprovechar la energía del sol para transformar el dióxido de carbono del aire y el agua del suelo en azúcares aprovechables por la planta.

Gracias a estos azúcares las plantas pueden crecer y costearse su funcionamiento y en el camino producen un residuo fundamental para la vida, el oxígeno. Todo este proceso se conoce como fotosíntesis.